Tilt: la gran obra maestra

Por Abel Cienfuegos

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En el año 1968 The Walker Brothers se disuelve por la profundidad musical de Scott Walker y la liviandad de los otros dos miembros. Scott emprende su carrera en solitario con cuatro álbumes de música popular y ligera que –en su mayoría– consistía en reversionar canciones del compositor Jacques Brel, mas, nuevamente, destacándose los hermosos y osados arreglos de Engel. Luego de años de silencio, en 1984, Scott Walker, lanza “Climate Of Hunter”, álbum que nos indica la profundidad musical y poética que el compositor va alcanzando, pero aun dentro de lo popular. 11 años más tarde el compositor nos entrega lo que sería –hasta ahora– su mayor obra Tilt.

Portada del álbum "Tilt".
Portada del álbum “Tilt”.

Tilt es un álbum, un trabajo musical que parece darles la razón a los teóricos que postulan a la música electrónica como la nueva música académica. El concepto consiste en la despopularización y sofisticación de los géneros que nacen como populares (desde el Jazz) y que, a partir de la invención de la guitarra eléctrica en 1934, comienzan a hacer uso de la tecnología para –junto a ella– evolucionar estéticamente hasta dejar de ser una simple manifestación social-popular y convertirse en, lo que algunos llaman, el arte por el arte; es decir, el equilibrio en la pugna entre lo estético y lo conceptual en su mejor expresión. Al oír “Tilt” comprobamos estas elucubraciones: la música electrónica que nació junto a géneros populares se ha encargado de convertir a dichos géneros en un arte docto y, si se quiere, académico.

Tilt

 

La obra es el entendimiento musical de la belleza hostil, la interpretación melódica de la poesía maldita. Cada cuerda, cada percusión, cada aullido de Walker es una alucinación sonora que nos invita a un sublime estado de transfiguración.

  • Farmer In The City: La pieza indicada para abrir el álbum, una sofisticada pequeña obra que casi podría confundirse con un aria para barítono. Farmer In The City nos introduce a una atmósfera sombría con toques de romanticismo y cantos gregorianos. Las campanas sutiles que inician la composición saben generar la solemnidad que las cuerdas sucesoras requieren, los violines y contrabajos de pulso lento nos conducen por un camino sublime conforme avanza el poema; en los estribillos, las cuerdas, en conjunto con la voz grave y atormentada de Scott, se exaltan a sí mismas aumentando levemente el pulso y subiendo en la escala de acordes. Al concluir la pieza es difícil salir del onírico paisaje en el cual Walker nos ha dejado.
  • The Cockfighter: La sucesora de Farmer In The City nos adentra en el concepto pesadillesco que bordea al álbum, se nos presenta como un túnel al averno que sólo Scott Walker ha visto. The Cockfighter se introduce a sí misma con una serie de sonidos de estudio, balbuceos y aullidos de Walker que saben conducir a la audiencia a la pesadillesca imaginación del autor. El tema no se inicia hasta pasado 1 minuto con 25 segundos cuando las percusiones arremeten y logran producir la tensión necesaria. La pieza incluye ciertos detalles para guitarra eléctrica y mucha influencia de las vanguardias, en especial por los juegos rítmicos de las percusiones y la interacción con el silencio.
  • Bouncer See Bouncer: La tercera entrega de Tilt, la de mayor duración en toda la obra, es –probablemente– la composición más simple, junto a Rosary, que contenga el álbum. La pieza se sostiene en una monótona percusión que sabe mantener la tensión junto a algunas breves intervenciones de instrumentos armónicos y el acompañamiento de un constante sonido elaborado con artefactos domésticos hasta el minuto 4:40 en el cual se quiebra el pulso, las percusiones se alejan y se da cabida a unas suaves armonías de cuerdas que saben sostener al oyente y sacarlo de la pesadilla por un momento, para luego devolverlo a ella con la reaparición de las anteriores percusiones.
  • Manhattan: Los órganos y teclados, sumados a la interpretación de Walker, le permiten volver a tomar aires operáticos. Manhattan es una espectacular pieza que, junto a su grandilocuencia y los juegos de percusiones, logra sublimar de excelente forma.
  • Face on Breast: Scott Walker es un gran bajista, lo cual le permite trabajar de muy buena forma los pulsos y las armonías; aquello también lo aplica a la composición de las percusiones, por ello siempre logra excelentes juegos con éstas. Lo descrito recientemente se puede encontrar muy bien ejemplificado en Face on Breast: la pieza se inicia con percusiones sinfónicas, que constantemente varían los pulsos, las guitarras eléctricas sostienen las notas y juegan con los acoples para introducirnos en la poesía lírica y en el poema musical. Los bajos, siempre compuestos con suavidad y sofisticación, a pulso lento elevando las imágenes de cada verso.
  • Bolivia ’95: Un juego rítmico fascinante entre los arpegios de guitarra acústica, los bajos, las percusiones y las sílabas escritas por Walker que saben hacer el amor con los acordes. Los instrumentos escogidos permiten observar la osada creatividad de Scott. La simplicidad de la pieza sabe posicionarnos en la fría onírica de Engel.
  • Patriot (A Single): Llegando al minuto y medio podemos apreciar la sublimación sobre la cual el compositor nos ha puesto, las cuerdas suben junto con la voz de Walker; luego –casi como una interrupción– las percusiones dialogan con los vientos, el juego se repite, las cuerdas reaparecen y se exaltan a sí mismas en compañía de distorsiones electrónicas y más vientos; finalmente las cuerdas se alejan junto con la voz del compositor para dar la bienvenida a Tilt.
  • Tilt: La pieza que da el nombre a este maravilloso álbum se nos presenta con un enigmático bajo que mantiene una secuencia rítmica, las guitarras acústicas (dos guitarras: una afinada y otra desafinada, sincronizadas entre sí) entran a complementar la secuencia, la imponente voz de Scott Walker retumba con efectos para conseguir la presencia necesaria. Las baterías (en primeras instancias muy monótonas y tensadoras) saben imponer una base rítmica que no deja de interactuar con las guitarras melódicas. Finalmente Tilt es una pieza elegante que, al ser la más electrónica del álbum, –de una u otra forma– resume la estética de Noel Scott Engel: una composición densa, obscura, dramáticamente onírica, sofisticada, que siempre se puede leer en versos.
  • Rosary: No se puede decir mucho, la pieza que cierra Tilt nos quita –con su minimalismo– del averno maldito al que hemos sido guiados anteriormente.

Sinceramente no sé como terminar esta crítica sin recurrir a la poesía, por lo cual cederé a la tentación literaria de adornarla con imágenes. Lo cierto es que –como dije anteriormente– Scott Walker es el poeta maldito de la música, el hombre que logró la alquimia del sonido; el hombre que entendió los postulados de Rimbaud y supo volverlos música; Noel Scott Engel –tal como lo señaló el genio francés– agotó en sí todos los venenos, se convirtió entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, y –ante todo– el supremo sabio. Scott Walker: el músico vidente.

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