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Leibniz, Multiculturalidad y tolerancia: Una lectura recomendada para Donald Trump

Por Felipe Venegas San Martín
Magister en Ciencias Sociales

Si bien Leibniz (1646-1716) no escribió nunca un tratado, ni libro sobre el tema de la tolerancia como sus contemporáneos, el tema ocupa un espacio importante en sus cartas, ensayos y reflexiones, y constituye una de las aproximaciones más lúcidas a la idea contemporánea de multiculturalidad.

11259823-gottfried-leibniz-picture-from-meyers-lexicon-books-written-in-german-language-collection-of-21-volFrente a otras aproximaciones a la idea de tolerancia en los comienzos de la modernidad, centradas en la reivindicación de una libertad religiosa o de culto y, por ende, en la separación de iglesia y Estado, Leibniz presenta un concepto positivo y complejo de tolerancia plenamente vigente en la actualidad que parece alejarse de la imposición y aproximarse a la conciliación por medio del diálogo racional de los hombres.

La época de nuestro pensador se relaciona con el tema de la tolerancia en autores como Locke o Spinoza, aquellos planteando desde una perspectiva política- estatal conducente a un orden político determinado en el que conviven diferentes concepciones reguladas. Es a lo que podríamos llamar tolerancia del soportar.

Locke plantea la inconveniencia de combatir las ideas más extravagantes, incluso las más erróneas. Para Locke hay que soportarlas si su combate puede afectar a la seguridad del Estado. Leibniz en cambio se distancia de esta idea y la critica en Los nuevos ensayos “En efecto, lo que con mayor derecho hay que censurar en los hombres no son sus opiniones, sino su juicio temerario que repudia el de los demás, como si hubiera que ser estúpido o malvado para pensar de otra forma que ellos…” Es decir plantea la necesidad de no tolerar la intolerancia.

La idea de Leibniz es fundamentalmente dialógica. Su problema no es la imposición de una norma como lo plantea Locke. Leibniz es consciente del problema teórico fundamental con el que se encuentra y concluye en Des méthodes de reunion: “Dejando esto aparte, se concederá que la vía del rigor no es, en todos los casos, ni lícita ni segura y que no siempre alcanza su objetivo”.

Leibniz da un paso más por este camino de la razón, haciendo que la tolerancia del soportar conduzca a la “tolerancia del comprender”, un proceso que se convierte en inexorable una vez que el individuo expresa su voluntad consciente de contribuir a superar las diferencias. De esta manera, una vez embarcados en una tarea de conceptualización para superar el rechazo visceral del otro, de “lo otro”, nos encontramos ya en el terreno de la tolerancia “positiva” que conjuga la coexistencia pacífica con la complejidad real de las distintas libertades en el conocimiento y reconocimiento de los demás, en el respeto de las otras creencias –de las otras religiones, de las otras culturas- que nos obligan a modificar las nuestras y nos impulsan a convencer al otro para que también modifique las suyas, caminando así juntos hacia el horizonte “regulativo” (en sentido kantiano) de una “comunidad” más razonable.

En la clave de tolerancia positiva que estamos analizando, “ponerse reflexivamente en el lugar del otro” constituye la piedra angular de nuestro reconocimiento de los demás como semejantes a la vez que no privilegia a priori ningún punto de vista, reconociendo una pluralidad de visiones del mundo como válidas. La tolerancia leibniziana se presenta, pues, como algo más que un mero principio político liberal, como el establecimiento de un diálogo racional que conduzca a la verdadera conciliación de las posturas divergentes, como expresión (acordada) de la verdad.

Se trata de un pluralismo que, sobre la base de su concepción de la contingencia y la individualidad, proporciona un fundamento a la idea de tolerancia, con tintes cosmopolitas e incluso interculturales, cada cultura representa para Leibniz una concepción del mundo, una perspectiva de la misma realidad y la cooperación es el único camino para lograr una visión unitaria del conjunto sin suprimir la diversidad, sino haciendo explícita la necesidad de esta para una comprensión más completa y compleja de la realidad. Leibniz transforma la diversidad en necesidad.

La pluralidad de perspectivas será entonces para Leibniz la mejor salvaguarda para aproximarse a la verdad, libres de prejuicios y dogmatismos. Esto es una necesidad para el ser racional y una obligación para el ser político, ya que como señaló el propio Leibniz en 1701 “el fin de la ciencia política debe ser hacer florecer el imperio de la razón“ y esa razón sólo puede ser tal reconociendo y valorando la importancia de otro siempre y naturalmente diferente.

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