Café Urgente Para Platón

Leibniz, Multiculturalidad y tolerancia: Una lectura recomendada para Donald Trump

Por Felipe Venegas San Martín
Magister en Ciencias Sociales

Si bien Leibniz (1646-1716) no escribió nunca un tratado, ni libro sobre el tema de la tolerancia como sus contemporáneos, el tema ocupa un espacio importante en sus cartas, ensayos y reflexiones, y constituye una de las aproximaciones más lúcidas a la idea contemporánea de multiculturalidad.

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[Crónica] La política y la filosofía cerraron segundo día de Conversaciones en torno a un café

Felipe Venegas.
Felipe Venegas.

Por Patricio Espinoza
@Pato_Amoroso
Fotografías: Marcelo Tapia

La segunda jornada de Conversaciones en torno a un café fue cerrada por Un café para Platón, una mirada al escenario político chileno, conversatorio guiado por Felipe Venegas, periodista y académico; con la colaboración de la periodista Susana Barrientos y de Rosa Alcayaga, periodista y educadora.
Estaba sentado en la entrada de la sala de lectura de Parque Cultural de Valparaíso (calle Cárcel 471), lugar donde se realizó el conversatorio un café para Platón.., mirando como los asistentes entraban, se servían un café (cortesía de café Bonafide) e iban en busca de un buen puesto para escuchar la platica guiada por Felipe Venegas. En un telón, dispuesto al fondo de la sala para proyectar en él el material de apoyo, se podía leer una frase de Hegel que pregonaba: “Si no hay contradicción, no hay evolución; si no hay contradicción, no hay mañana.
A las 19:12 se cerraron las puertas, se apagó la música ambiente y comenzó el conversatorio. En la primera parte se expuso la evolución del pensamiento occidental, prestando principal atención a su origen griego. Fue una cátedra en la que hubo un tanto de filosofía, otro de política, muchas recomendaciones literarias, la atención infatigable de los asistentes; y con la que Venegas creó un ambiente propicio para llevar a cabo una buena conversación política. Luego de un poco mas de hora y media de exposición Venegas dio su correo electrónico en caso de cualquier duda, dejando abierta la posibilidad de una conversación posterior sobre política, filosofía o cualquier tema tratable junto a un café o un vinito.
Llegaba el momento de que las invitadas, Rosa Alcayaga y Susana Barrientos, conversaran sobre la vida política del ciudadano chileno. La primera en tomar el micrófono fue Rosa Alcayaga, quien habló sobre cómo el machismo ha perdurado desde Grecia hasta la actualidad, manteniéndose, sobre todo, en la vida cotidiana. Por su parte, Susana habló sobre la vida en el barrio, la que se ha individualizado, aislado y deteriorado; y, sobre cómo ella busca revertir esta problemática a través del medio Plaza Waddington, una plataforma virtual creada para los vecinos de Playa Ancha, en el que pueden realizar distintas actividades, desde opinar sobre situaciones del cerro hasta averiguar cuál es el jardín infantil más barato del cerro.
Luego de una sección de preguntas, que más bien fueron opiniones, en la que se abrió el debate de si la reducción del IVA es la mejor forma de mejorar la economía, el evento finalizó. Al ver la hora descubrí que ya estábamos rozando las diez de la noche, creo que mi inconsciente ya lo sabía, por que me pedía volver a mi casa por una once bien merecida. Me despedí y bajamos caminando, junto a Javiera Quiroz (Jefa de prensa de café verbal), por el cerro Cárcel. Cinco minutos después, de llegar a la plaza Anibal Pinto, estaba subiendo nuevamente por subida Cumming, se me había quedado la grabadora sobre la mesa de exposición.
Susana Barrientos, Rosa Alcayaga y Felipe Venegas.
Susana Barrientos, Rosa Alcayaga y Felipe Venegas.

Lista de algunos libros recomendados por Felipe Venegas:

  • La ética protestante y el espíritu del capitalismo – Max Weber
  • La república – Platón
  • El príncipe – Maquiavelo
  • El discurso del método – Descartes
  • Fenomenología del espíritu – Hegel
  • Manuscritos económicos y filosóficos – Marx
  • Leviatán – Hobbs

[Columna] Café Urgente para Platón

Marx y la condición del hombre

Karl_Marx

Por Felipe Venegas San Martín
Máster en Ciencias

Pocas cosas resultan más apasionantes y a la vez complejas como aludir a la condición del hombre en sociedad. Diferentes aproximaciones se han planteado desde la teoría. Así encontramos tres que considero fundamentales y de las cuales se pueden desprender muchas otras: La perspectiva espiritualista, la biologista y la materialista. Me referiré a esta última a partir de una de las teorías más relevantes, que desde finales del siglo XIX y hasta la actualidad no pierde vigencia; felizmente para los teóricos, desgraciadamente para casi todo el resto de la humanidad, me refiero a la teoría de la alienación de Karl Marx.
Empleando la terminología hegeliana, puede decirse que la alienación es la acción y efecto de un alterarse por el cual un ser en sí se transforma en su ser en otro. Esta particular significación de la alteración indica ya que, aun concebida como transformación radical de un ser, el resultado de la alteración no anula jamás lo que había antes de alterarse. En otros términos, la alteración puede entenderse, como el devenir, en el sentido de un cambio en la realidad física y en el sentido de un cambio en la realidad psico-espiritual.
Marx plantea el concepto de alienación basándose en la concepción hegeliana pero llevando ésta al análisis de la economía política desde la matriz del materialismo histórico. Y lo hace magistralmente en uno de los textos menos leídos del autor y sin embargo más interesantes para comprender el sentido profundo del pensamiento marxiano: Los Manuscritos Económico – Filosóficos de 1884.
Los Manuscritos corresponden a una crítica a la economía política inglesa, en especial de Adam Smith y David Ricardo. La composición del texto habla de su propósito crítico, se divide en cuatro partes o cuatro conceptos básicos: Salario, Beneficio de Capital, Renta del Suelo, y un último, que indudablemente será el más polémico de todos, Trabajo Enajenado en el que Marx plantea la cuestión de la alienación del hombre.
Se trata de expresar la condición del hombre-trabajador en el contexto de las relaciones de producción de la sociedad capitalista. En ésta, todo el valor está puesto en el objeto del trabajo del individuo, es decir en el valor del producto, lo que provoca que el trabajador pase a segundo plano, se diluya en su objeto de trabajo.
Es decir que el producto del trabajo es la objetivación del trabajador mismo, que se ha vuelto extraño a él, y que lo domina. Entre más ponga de sí el trabajador en el producto de su trabajo menos tendrá de sí en éste. Por tanto el trabajo se vuelve ajeno al trabajador en una secuencia expresada con maestría en la película “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin. Una secuencia de perfecto trabajo en cadena donde el obrero pierde sus condiciones intelectuales, creativas, emotivas, para perderse en el trabajo que le es ajeno y que lo domina 12 horas al día.
La sicología, sicología social, sociología han estudiado a este ser alienado y que es característico de la sociedad industrial capitalista y post capitalista. Los efectos de la alienación del trabajo en la relación social de los individuos, por cuanto al ser absorbidos por el producto de su trabajo se difumina la riquísima dimensión subjetiva del hombre: Su abstracción, su sentimentalidad, su creatividad, etc.
Lo anterior, más allá de generar los evidentes problemas conductuales-emocionales en las personas, han producido un tipo de sociedad: Apática, acrítica: La sociedad masa como principal efecto social de la alienación, desde la cual se puede analizar la apatía política, cultural, emocional, o sea, toda dimensión no relacionada con su trabajo y el producto de éste.
Una dominación absoluta porque la aceptamos como “lo natural”, como “lo correcto”, etc. La dominación absoluta y perfecta que – sin dejar de recomendar esta excelente obra para iniciar la lectura de Marx- Nos invita a reflexionar sobre nuestra condición dominada y los mecanismos para efectivizarla; para ello invitaremos a un café a Michel Foucault.

 

Café Urgente Para Platon

Esa “antigua” idea de bien común…

Por Felipe Venegas San Martín
Master en Ciencias

Platon

El pensamiento político originario, aquel que naciera a partir de las reflexiones de Platón o Aristóteles fundó la idea de que la política era una acción eminentemente valórica destinada al bien común entendido como una construcción moral. De hecho, para Aristóteles la política o era moral o no era política, podía ser cualquier cosa, menos política.

De acuerdo al filósofo de Estagira, la formación de cualquier comunidad requiere un bien común porque “el fin de la ciudad es vivir bien…hay que suponer en consecuencia, que la comunidad política tiene por objeto las buenas acciones y no sólo la vida en común”. Esta idea de vivir bien se relaciona directamente con el bien de las personas que componen la comunidad.

Si la sociedad no es un mero agregado de personas, debe tener un fin, que es el bien común y que no se puede reducir a los bienes particulares de sus miembros. La centralidad de la persona exige que el fin de la sociedad incluya el bien de las mismas, de todas y de cada una. Hay, pues, un bien de la persona y un bien de la sociedad, que no coinciden pero que se relacionan mutuamente. La persona busca su bien personal, porque no puede desear algo que no vea como un bien para ella, pero lo busca en sociedad: sería una contradicción que pudiera conseguir su bien propio a expensas, incluso fuera, del bien común.

A su vez la sociedad tiene su propio bien, que es común a todos sus miembros, pero que no es la suma de los bienes particulares de sus miembros. El bien común es el bien de la sociedad y de sus miembros; por ser común no puede ser bien de algunos, ni siquiera de la mayoría, sino el bien de todos y cada uno de ellos, al mismo tiempo y por el mismo concepto: el bien en el que todos participan precisamente por ser miembros de la misma sociedad.

Por tanto la actividad del hombre político, es decir en clave aristotélica, todos los individuos que participan en los asuntos de la polis, deben desarrollar tanto su actuar privado como público en base a determinados valores destinados al bien común. Por cierto que en el ámbito público esto será más importante, obligatorio en la figura del magistrado, es decir aquél que detenta el poder político al interior de la sociedad, deberá guiar todas sus acciones hacia el bien común, en el propósito de generar y desarrollar las iniciativas que permitan el florecimiento de las vidas individuales. Es decir, el magistrado deberá tener una alta moral privada y pública.

Es cierto que el bien común tiene primacía sobre el bien particular, y ello no por una razón cuantitativa porque sea el bien de más personas, sino porque es el bien del todo, del que las personas forman parte. No se opone a la búsqueda de intereses privados, sino a hacerlo a costa del bien común, tomando a éste como un instrumento para el bien particular.

Con el avance de la modernidad y el desarrollo del liberalismo , la persona entendida en su dimensión particular asume mayor importancia, incluso por sobre el bien social, la centralidad de la persona ha sido defendida por el capitalismo, siempre y cuando esa centralidad no incluya la ampliación de derechos.

Esta visión liberal-capitalista de poner al sujeto sobre el grupo- disputa teórica fundamental entre liberal- capitalismo y socialismo es superada en pleno siglo XX por Jacques Maritain quien se enfrenta tanto al individualismo de corté burgués como al antiindividualismo comunista. Su pensamiento señala que la persona forma parte de una comunidad y en este sentido se encuentra subordinada a la misma, pero es mucho más que un miembro de la comunidad, porque posee una dimensión trascendente, de modo que la sociedad ha de tener como fin a la persona.

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Thomas Hobbes.

Es evidente que la política contemporánea ha abandonado completamente la idea de bien común, tanto como una responsabilidad del todo y hacia el conjunto social, como hacia la persona como centro al reducir a su mínima expresión el vínculo entre Estado y sujeto, dejando a éste al arbitrio de las “fuerzas del mercado”. Recordando a Thomas Hobbes vivimos en el mundo de la desintegración, donde no existe un soberano, o éste se transforma en sirviente de los intereses particulares de los agentes del sacrosanto “mercado” y ya sabemos cuál es la síntesis de Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”, una concepción que de acuerdo al británico sólo lleva al estado de guerra de todos contra todos, todos los días.

Hobbes, quien en su reflexión social del siglo XVII, hace un perfecto análisis de nuestra sociedad del siglo XXI por lo tanto nos deja planteada la pregunta sobre cuánto hemos creído avanzar en el desarrollo de un orden social tendiente al bien común. Es momento entonces de invitar a un café, y muy cargado, a Thomas Hobbes.